El perfeccionismo no es bueno ni malo por definición. En su justa medida, tiene su lado positivo. Puede invitarnos a hacer una autocrítica sincera y constructiva, estimularnos a mejorar y superarnos, animarnos a aumentar la calidad de lo que hacemos, impulsarnos a ser más disciplinados, organizados y responsables,… Es por estos beneficios que muchos perfeccionistas consideran que es una virtud. Beneficios que también explican porque está tan extendido y aceptado socialmente. Los problemas surgen cuando una persona aplica su perfeccionismo, de forma excesiva y generalizada, en casi todo lo que hace. Se convierte así en una fuente inagotable de frustración e insatisfacción para esa persona, ya que hacer todo “perfecto” es imposible. Provoca en ella tensión, sufrimiento, miedo, inmovilidad, estrés, desconfianza, ansiedad y agotamiento. ¿Te suena? Si así es y el perfeccionismo te limita, una de las claves para superarlo es implementar, poco a poco y de forma progresiva, nuevas pautas de comportamiento más positivas y efectivas. Nuevos modos de comportarte que te permitan hacer las cosas bien, que no perfectas, y de una manera más eficiente. Y conductas que te ayuden a ser menos autoexigente, a ganar seguridad y confianza en ti mismo, a reforzar su autoestima, y a encarar los retos de forma más positiva y proactiva. A continuación, vamos a repasar algunos ejemplos. 

“La perfección es el único don de que la naturaleza le ha negado al ser humano, pero, aún reconociéndolo, tratamos de perfeccionarnos”

Benito Juárez

La persona perfeccionista tiene la tendencia de establecer siempre expectativas muy altas, exigiendo casi siempre el máximo a sí mismo y a los demás. Expectativas muy superiores a lo que realmente es necesario o a lo que las circunstancias requieren. Al mismo tiempo, es muy probable que evalúe los resultados con una vara de medir defectuosa. Una vara en la que solo hay dos medidas posibles, o las cosas están “perfectas” o están “fatal”. No hay medidas intermedias como muy bien, bien, regular, mal o muy mal. De ser este tu caso, esta combinación perversa debe generarte una gran insatisfacción y frustración. Raras veces tus altas expectativas se ven cumplidas, y tienes continuamente la sensación de que casi todo está fatalmente hecho. Para escapar de esta encrucijada, debes hacer un esfuerzo consciente para gestionar mejor las expectativas que te creas y reajustar tu vara de medir. Por ti mismo o con la ayuda de otros, toma consciencia de los resultados esperados, necesarios o requeridos y, conforme a ellos, construye o reajusta tus expectativas. También te vendrá bien incorporar nuevas medidas a tu vara de medir, obligándote a evaluar las cosas empleando toda la gama de grises que existe entre el blanco (perfecto) y el negro (fatal).

Por otro lado, los perfeccionistas son expertos en complicar las cosas. Cuando se plantean hacer algo, lo abordan a lo grande y, si dudan de que puedan hacerlo cuasiperfecto, pocas veces llegan a terminarlo. En cuanto surgen dificultades que les impiden rayar la perfección, es habitual que abandonen o empiecen a procrastinar. Por ejemplo, si eres perfeccionista, es muy probable que, a la hora de abordar un nuevo reto o problema, tu primer paso sea tratar de prepararte a conciencia para tener todo bajo control. Te fijas grandes metas, tratas de analizar todo en profundidad, procuras contemplar todos los escenarios posibles e intentas diseñar un exhaustivo plan de acción. Es cierto, todo esto te da seguridad. Ahora bien, pocas veces las cosas ocurren como tu habías planificado, porque la vida está llena de imprevistos y variables que se te escapan totalmente. Además, si no abandonas o ni siquiera empiezas, al sentirte incapaz o insuficientemente preparado, terminas sin emplear o necesitar gran parte de lo que habías preparado. ¿Para qué tanto tiempo y esfuerzo? ¿Para qué tengas una falsa sensación de seguridad? Será mucho más efectivo que te fijes metas más pequeñas, mantengas las cosas simples y pases inmediatamente a la acción. A medida que vayas cumpliendo esas metas, ganarás confianza en ti mismo para fijarte metas un poquito más grandes, y así sucesivamente. La clave no es preparar todo a conciencia para sentir la confianza que necesitas para ponerte en marcha, sino ponerte en marcha para generar esa sensación de confianza a medida que vayas cumpliendo objetivos. Así llegarás más lejos y con menos esfuerzo.

Como buen perfeccionista, sueles poner toda tu atención, cuidado y empeño en hacer casi todas las cosas perfectas. Ahora bien, ¿de verdad tienes que hacer casi todo perfecto? Pongámonos en el lugar de un cirujano. ¿Realmente necesita ser igual de “perfecto” en el quirófano, preparando un informe o manteniendo sus papeles de trabajo bien organizados? Evidentemente, la respuesta es “no”. Es crucial que en quirófano alcance el máximo nivel de excelencia posible. En cambio, un buen informe, que no perfecto e impecable, seguro que es suficiente. Tampoco hace falta que su despacho parezca la Capilla Sixtina en cuanto a orden y pulcritud. Al igual que le ocurre a nuestro cirujano, no todas tus tareas son igual de importantes y urgentes. Una conducta muy efectiva, que seguro te resultará muy beneficiosa, es priorizar tus tareas, decidiendo conscientemente el nivel de esfuerzo y dedicación que debes poner en la ejecución de cada una de ellas. Verás que solo unas pocas requieren un trabajo excelente o casi perfecto. Para la mayoría será más que suficiente con un trabajo medianamente bueno. 

“El camino hacia el éxito consiste en duplicar tu tasa de error”

Thomas J. Watson

Una de las pautas de comportamiento más eficaces para vencer el perfeccionismo es ponerse en marcha y pasar a la acción. La persona perfeccionista vive cualquier fallo o error como un fracaso personal. Pone toda su atención en evitar los errores y se arriesga lo menos posible. Es así como el perfeccionismo genera bloqueo, parálisis y resistencia al cambio. Si este es tu caso, aunque todavía te falte algo por pulir, puedas prepararte mejor o te sientas inseguro, no esperes. Atrévete a actuar, empieza y, aunque falles y las cosas no salgan del todo bien, hazlas. Como vimos anteriormente, a medida que vayas haciendo las cosas y cumpliendo tu primeros objetivos, adquirirás la destreza, la experiencia y la confianza necesarias para fijarte metas mayores y emprender acciones más complejas. El movimiento genera más movimiento. La clave es empezar.

Asimismo, la inmovilidad que provoca vivir el error como un gran fracaso suele venir acompañada de otra importante derivada para la persona perfeccionista. Cierra las puertas al aprendizaje y al crecimiento personal. Es mucho más efectivo y sano, vivir los errores como algo natural. Como una oportunidad para aprender y mejorar. Pensando de esta manera, es más probable que la persona se atreva a asumir más riesgos y a intentar cosas nuevas. Se sentirá también más segura e ilusionada, y esto la ayudará a desplegar su creatividad y acelerar su desarrollo. Por favor, acepta los errores y sácales el mayor provecho posible para para aprender y mejorar. Permite equivocarte, sin criticarte ni castigarte. Incluso,equivócate a propósito y exponte al error y la imperfección. De esta forma, aprenderás más y lo harás más rápido. También te ayudará a darte cuenta de que normalmente, cuando cometes errores, no pasa nada grave. Además, con el tiempo, la incomodidad que te provocan los errores y la imperfección se normalizarán.

El perfeccionismo es también una de las principales causas de los problemas de gestión del tiempo. Los perfeccionistasdecidan un cantidad de tiempo, esfuerzo y recursos enorme para tratar de hacer las cosas perfectas. Siempre puedenesforzarse una poquito más, revisar el trabajo una vez más, identificar y corregir más errores o mejorar más aspectos. ¿Tutiempo vuela?, ¿vas siempre justo de tiempo?, ¿sales normalmente tarde del trabajo?, ¿te estresa tu día a día?, ¿te sientes agobiado y agotado?,… Ahora ya sabes la causa. Ponerle remedio no debería resultarte muy difícil. Puedes hacerlo acotando el tiempo que dedicas a las tareas más rutinarias, fijando el tiempo máximo que vas a emplearanalizando y evaluando un asunto antes de tomar una decisión y actuar, reduciendo el número de alternativas u opciones que tomas en consideración antes de decantarte por algo, limitando el número de veces que revisas un trabajo antes de darlo por finalizado,… Todas estas son conductas que te permitirán ser más eficiente a la hora de optimizar tu tiempo.

¿Tratas de resolver todos los problemas siempre por ti mismo?, ¿te parece que las cosas solo suelen estar bien hechas si las haces tú?, ¿te cuesta aceptar las sugerencias y recomendaciones de los demás?,… De ser así, es muy probable que la causa también se encuentre en tu perfeccionismo. El perfeccionista suele dudar de la capacidad de los demás, necesita comprobarlo todo personalmente, le cuesta trabajo delegar, quiere que las cosas se hagan a su manera,… Esto le lleva a asumir cada vez más en una espiral que se retroalimenta constantemente. Cuanto más duda, hace y controla, menos colaboradores, implicados y proactivos se mostrarán los demás, viéndose obligado a asumir aún más y más. Si necesitas romper este circulo vicioso, la clave está en pedir ayuda y colaboración a los demás, en obligarte a delegar más, en agradecer y sacar provecho de las recomendaciones y sugerencias, en aceptar que los demás harán las cosas a su manera y que no hace falta que estén perfectamente hechas,… Implementando estás conductas, los demás estarán más comprometidos contigo y dispuestos a hacer las cosas, no tendrás que asumir tanto tu solo, y podrás dedicar más atención a otros temas más importantes para ti. 

Algo que descoloca y mucho a los perfeccionistas son los imprevistos. Cualquier elemento o circunstancia inesperada que trastoca sus planes causa en ellos un enorme agobio, incomodidad y frustración. Otra vez la dichosa necesidad de control para asegurarse de que todo sale perfecto. ¿Quién no se ha esmerado en organizar algún plan al aire libre, con familia y amigos, que a causa del mal tiempo quedó muy deslucido? Por mucho que uno se enfade o se sienta decepcionado, no va a dejar de llover y salir el sol. Entonces, ¿para qué enfadarse, agobiarse o frustrarse? La vida está llena de imprevistos. Si te perturban tanto, la mejor conducta que puedes adoptar es empezar a aceptar las cosas que están fuera de tu control tal y como son. No dejes que las circunstancias que se escapan a tu control afecten a tu estado de ánimo y te impidan aprovechar y disfrutar el momento presente. Recuerda, ese momento es único. No se va a repetir otra vez a lo largo de tu vida. Mejor sacarle el mayor provecho posible.

“Abandona la necesidad de ser perfecto para ser auténtico. Se quién eres. Quiérete a ti mismo y los demás también lo harán”

Hal Elrod

Como vimos al principio, la perfección es una ilusión, una falacia, una utopía. Al tratar de alcanzar lo imposible y no lograrlo, el perfeccionista escoge un camino en el que son habituales la autocrítica y los autorreproches. Un camino que suele estar lleno de sentimiento de culpa, sensación de inferioridad y baja autoestima. Si sufres de todo esto y deseas escapar de tanta negatividad, la clave es adoptar una serie de conductas que te ayuden a ganar confianza, quererte más y ser más positivo, para así reforzar tu autoestima. Empieza por reconocer y sentirte orgulloso de tus méritos, capacidades y habilidades. No dejes de valorar y celebrar todos tus éxitos, incluidos los más pequeños. Hazte un buen regalo por cada gran logro que vayas cosechando. Da más importancia a lo que tienes o has logrado, que a lo que te falta o todavía no has alcanzado. Acostúmbrate a reflexionar y dar las gracias por todas y cada una de las cosas buenas que te vayan sucediendo. Deja de criticar, tanto a ti mismo, como a los demás. Céntrate en satisfacer tus propios anhelos, intereses y necesidades, en lugar de tratar de agradar a los demás para obtener su aprobación y reconocimiento. Presta más atención a tus emociones y sentimientos. Y muestra tu sensibilidad sin miedo al que dirán. Estos son unos pocos ejemplos de las muchas conductas que podrías implementar. Al empezar a hacerlo, te vas a sentir raro y muy incomodo. Pensarás que continuar es un sinsentido. No tires la toalla y sigue aplicándolas. Poco a poco, irán cobrando sentido y comenzarás a sentir los beneficios.

Así llegamos al final. Estas son algunas de las pautas de comportamiento que puedes adoptar para embridar tu perfeccionismo. En función de tu forma de percibir, sentir, pensar y actuar, cada una de ellas te resultará un poco más o menos útil. No existe una receta única que sirva a todos los perfeccionistas. Cada uno debe dar con el conjunto de conductas que más beneficioso le resulte para doblegar su perfeccionismo. Finalmente, es fundamental que no seas perfeccionista para dejar de ser perfeccionista. De lo contrarío, fracasarás. Es imposible que, desde el primer día, implementes cualquiera de estas pautas con la máxima perfección y maestría. Vas a fallar y equivocarte muchas veces, pero esto no debería ser motivo para el desaliento. Cada error te hará mejor y te acercará un poquito más a tu objetivo de ser un pelín menos perfeccionista cada día. La clave radica en la práctica regular de estás conductas. En cometer errores, aprender de ellos y perseverar en la practica. Solo a través de la repetición, estas conductas podrán convertirse en nuevos hábitos que desplacen y ocupen el lugar de tu perfeccionismo. Ese hábito tan profundamente arraigado en ti.


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