Desde que somos muy pequeños, se nos inculca la importancia de esforzarnos y dar lo mejor de nosotros mismos, para así superarnos en todo lo que hacemos y tratar de llegar a ser lo mejores. Es una actitud deseable y saludable que nos ayuda e impulsa a crecer como personas. Ahora bien, con frecuencia nos encontramos con personas que asumen este tipo de creencias con gran convicción, las aplican en todo en todo lo que hacen y se exigen el máximo en todo momento.

Sófocles, por ejemplo, se vanagloriaba de su esfuerzo creativo al afirmar que componer una estrofa de tres versos podía llevarle hasta tres días de trabajo. Por su parte, Jeremy Irons es conocido en el mundo del celuloide por la perfección con la que interpreta todos sus personajes. Gracias a su perfeccionismo casi enfermizo y a sus cualidades vocales, la soprano María Callas se hizo mundialmente famosa. Tom Volf, director de un conocido documental que retrata su vida y trabajo, llegó a afirmar: “Se exigía tanto que creo que no hubiera sido posible para ella formar una familia y llegar a su nivel como cantante de ópera. Era una artista condenada a la infelicidad”.

“Nada es perfecto. Por eso los lápices tienen gomas de borrar”

Anónimo

La persona perfeccionista o exigente pone toda su atención, cuidado y empeño en hacer las cosas perfectas. Esta búsqueda de la perfección es una trampa que conduce irremediablemente a la frustración y la insatisfacción, ya que trata de alcanzar lo imposible. En otras palabras, la perfección es un resultado inalcanzable. Es, simple y llanamente, una ilusión, una falacia, una utopía. El perfeccionismo da así lugar a una paradoja. Por mucho que persigue alcanzar la perfección, jamás logra su propósito.

En cambio, la excelencia es algo bien diferente. La podemos definir con el hábito o el proceso consciente de hacer las cosas lo mejor posible y de mejorar de forma continuada. Implica poner en juego todas nuestras habilidades, capacidades y talentos. El camino de la excelencia está lleno de alegría, aprendizaje, creatividad, crecimiento, disfrute,…

Veamos más en profundidad las diferencias entre ambas. La primera de ellas encuentra su origen en la dificultad de algunas personas para entender la diferencia entre el ser y el hacer. La persona exigente piensa: “Yo soy lo que hago”. Piensa que su identidad se construye única y exclusivamente a través de sus acciones. La excelencia, por el contrarío, se orienta al ser y no se centra tanto en el hacer y los resultados. Si algo sale mal, el problema no es la persona. Es, simplemente, algo de su forma de hacer que se puede mejorar.

La persona exigente busca cuidar su imagen y consolidar su identidad a través del la aprobación, el aprecio y el reconocimiento de los demás. Para ello, hace, hace y hace, tratando de complacer a otros. Puede llegar incluso a olvidarse de sus emociones, intereses y necesidades. Tanto hacer la lleva a volcarse en exceso en el exterior y a perder el contacto consigo misma. En contraposición, la persona comprometida con la excelencia se ocupa y se preocupa por cultivar su autenticidad y satisfacer sus propios anhelos, intereses y necesidades. Pone toda su atención en sus propios objetivos y en aquello que es prioritario para sí misma.

“Mejor hacer algo imperfecto que no hacer nada sin falta alguna”

Robert Schuller

En innumerables ocasiones, la exigencia es la causa de principal de los problemas de gestión del tiempo. La persona perfeccionista decida un cantidad enorme de tiempo, esfuerzo y recursos para hacer las cosas cuasiperfectas. Siempre puede esforzarse una poquito más, revisar el trabajo una vez más, identificar y corregir más errores o mejorar más aspectos. Así, su tiempo vuela, su día a día le estresa, va siempre justo de tiempo, sale tarde del trabajo, se siente agobiada, agotada e insatisfecha,… En cambio, desde la excelencia, resulta más fácil planificar y priorizar el trabajo, ajustar el nivel esfuerzo y dedicación a lo que las circunstancias exigen, administrar y mejorar nuestra energía, actuar conforme a lo que es más urgente, importante y conveniente para nosotros,… Todo esto hace posible una gestión mucho más eficiente del tiempo y ayuda a mejorar la efectividad personal.

La creencia de que “yo soy lo que hago” también hace que la persona perfeccionista viva cualquier fallo o error como un verdadero fracaso personal. Es algo difícil de aceptar y de digerir, que la aleja de la tan anhelada perfección. Esta forma de pensar, frecuentemente la lleva a poner toda su atención en evitar los errores y a arriesgarse lo menos posible. Genera miedo, inmovilidad y resistencia al cambio, cerrando las puertas al aprendizaje y al crecimiento personal. Desde el punto de vista de la excelencia, cometer errores es algo natural y no son otra cosa que una oportunidad para aprender y mejorar. Pensando de esta manera, es más probable que la persona se atreva a asumir riesgos y a intentar cosas nuevas. Se siente más confiada e ilusionada, y esto la ayuda a desplegar su creatividad y acelerar su desarrollo. 

Asimismo, vivir el error como un gran fracaso, puede llevar a los perfeccionistas a tratar de negarlo, esconderlo o culpar a terceros o a las circunstancias. Todo ello para evitar el sufrimiento que les provoca su terrible fracaso. Un gran fracaso que, en la mayoría de las ocasiones, no es otra cosa que una mera ilusión. Además, les cuesta mucho aceptar críticas, sugerencias o puntos de vista diferentes. Normalmente, viven las críticas como un ataque personal que amenaza su propia integridad. Las personas comprometidas con la excelencia, por el contrario, buscan conocer otras alternativas o puntos de vista, aceptan las críticas de buen grado y agradecen cualquier recomendación o sugerencia. No se sienten amenazas. Todo lo contrario, consideran cualquier aportación de los demás como una oportunidad para aprender, crecer y mejorar.

Desde el punto de vista de la exigencia, lo que realmente importa es la meta y es habitual centrarse más en lo que falta que en lo que hay. No hay motivos para sentirse satisfecho y celebrar, pero sí para los reproches, ya que uno siempre podría esforzarse más o hacerlo mejor. Y cuando se llega a la meta, no hay tiempo que perder, rápidamente se pasa al siguiente objetivo y se continua con la lucha. La exigencia se convierte, de esta forma, en un camino lleno de ansiedad, frustración y sufrimiento. La excelencia, en cambio, se centra en el camino y pone luz en lo que se tiene y se va logrando. De este modo, el camino se convierte el algo más importante que la propia meta y se llena de oportunidades para aprender y crear. La persona comprometida con la excelencia disfruta afrontando nuevos restos Se celebran los pequeños logros, hay motivos para felicitarse y agradecer, y se genera buen ambiente. Es un camino en el que hay más alegría, más bienestar y mas satisfacción.

“El afán de perfección hace a algunas personas totalmente insoportables”

Pearl S. Buck

En lo que al liderazgo se refiere, la persona exigente tiene más dificultades para confiar en los demás y siente la necesidad de controlar todo para que las cosas sean perfectas. Cuanto más controla, menor es la confianza y el compromiso de los demás, y mayor la reactividad con la que actúan. Además, no es capaz de dar buen feedback y tampoco está abierta a recibirlo. Todo esto dificulta la comunicación, disminuye la delegación y genera un clima de tensión. La excelencia, por el contrario, se centra en la mejora y el crecimiento de las personas. Fomenta el compañerismo, el compromiso y la proactividad, genera confianza entre las personas que forman el equipo, y facilita el aprendizaje y la innovación. Hace posible una comunicación más abierta y sincera, un intercambio de feedback y reconocimiento de forma natural, una delegación más responsable, y un ambiente de trabajo más positivo y distendido.

Llegados a este punto, ¿qué eliges? ¿Exigencia o excelencia? Como nos recuerda Jim Collins: “La excelencia no es un producto de las circunstancias. Es una decisión consciente”. Somos tú y yo quienes en cada momento podemos elegir de manera consciente si queremos ser “perfectos” o, simplemente, “excelentes”.


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